Un día cualquiera te encontré,
en un rincón donde nadie te quiso ver.
Cuidabas a tus crías con amor y afán,
aunque tu pelaje oscuro espantaba a los demás.
Siglos de mitos pesaban sobre ti,
hechizos y brujas te hicieron sufrir.
Mas yo supe ver, más allá del color,
el hechizo real: tus ojos de verdor.
Temerosa llegaste a mi hogar,
y poco a poco supiste conquistar.
Cuidaste a tus crías, adoptaste a otra más,
y en mi lecho, a mis pies, te acurrucaste sin más.
Nueve años de risas, de ronroneos y paz,
juntos vivimos, sin pensar en el final.
Pero un día te fuiste, sin decir adiós,
saltaste por la ventana y te perdiste en la voz.
Buscamos noche y día, con el alma en pena,
llamando tu nombre en cada esquina abierta.
Mas de ti no supimos, ni un rastro, ni un sí,
y aún hoy no sé si vives o si te perdí.
Eres mi gata de ojos verdes, mi amor fiel,
un misterio que guardo en mi corazón crudel.
Aunque no estés, tu esencia aquí quedó,
y en mis sueños, tus ojos verdes brillarán.
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