Sabes pequeñita, quizas si hubiese pedido a la vida un regalo mejor que tu, no lo habría obtenido, es cierto, muchas veces pensé que quizá el dinero y la posición social me darían alegría, pero eso es solo cierto a medias; otras veces pensé que el amor y compañía de una mujer me darían alegría, pero eso tan solo es cierto en parte.
Sabes, mi mayor felicidad hasta el momento, fue el día que supe que tu mama estaba en embarazo, y creí que no habría nada en el mundo mejor que eso, hasta que te vi, con tus grandes ojos abiertos y tu nutrida cabellera castaña, luego escuche tu llanto por primera vez, podria decir que fue algo así como tus primeras palabras, pues en parte lo fueron, durante tus primeros meses no tendrás otra forma de expresarte y tu llanto lo usaras para todo, desde recordarme que debo preparar tu tetero porque sientes hambre hasta un me siento mal y debes darme una medicina, si hay algo que me duele en el alma es no haber estado allí contigo durante tus primeros meses de vida, mas créeme pequeñita que no fue mi decisión dejarte sola y no saber cuando podré verte y abrazarte, sentir tu aroma, cambiar tus pañales, limpiar mis camisas cuando devuelvas un poco de la leche que hayas comido, escuchar tus primeros intentos de hablar, en que idioma, quizá no lo sabré, quizá una mezcla de español, ruso e ingles, mas solo me resta tratar de adivinarlo....
Siempre serás mi única pequeñita, la lucecita de mis ojos, así solo te haya visto a través de la computadora y me haya perdido el privilegio hasta el momento de tenerte en mis brazos y llamarte hija, mientras me retornas un intento de balbuceo y una sonrisa.