viernes, 16 de octubre de 2015

Carta a una Hija

Dicen los sabios que Dios creo al hombre a su imagen y semejanza y luego insuflo su espíritu para darle la vida, mas has de entender mi pequeña Sofia que cuando tu viniste a este mundo, una pequeña parte del espíritu de Dios abandono su morada celestial y se puso al cuidado de este pobre mortal al que llamas papa, quizás mi pequeña Sofía, esto suene mas poético que real, pero con el tiempo entenderás, tu has venido a este mundo producto de un milagro.

Mi pequeña Sofía de  ojos grandes, tu delicada nariz, tu labios de confite y manitas delicadas, aquellas con las que firmemente aprietas mis dedos, eres una prueba viviente del milagro de la creación,  quiera Dios que algún día comprendas estas palabras, para que logres sentir lo mucho que tu padre te ama, pues tu eres la sonrisa de su alma, aquella sonrisa que se ira contigo cuando regreses a aquel remoto lugar donde el sol solo se atreve a salir tres meses cada año.... y ojala que como tu nombre, tengas la sabiduría necesaria para elegir por ti misma el destino que deseas para tu vida, has de saber que sepas mi pequeña que desde el lugar en el que me encuentre siempre te recordare con una sonrisa y mientras una lagrima enjuga mis mejillas,  debes saber que tu padre hará hasta lo imposible para volver a verte sonreír y sentirte cerca.

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